La prostitución infantil en el país figura como una de las más elevadas del mundo según la ONU. Sin embargo, no hay cifras exactas sobre el tema dado que las fuentes son tan clandestinas como las propias prácticas. Pero no hay duda de que los números son elevados, sobre todo si se tiene en cuenta el notable incremento de la explotación sexual de menores.
Lo cierto es que el negocio de la prostitución mueve cifras millonarias y funciona tanto desde lugares exclusivos con gente de alto poder adquisitivo y turistas extranjeros como desde las estaciones de tren, donde adultos demandan sexo a chicos de hasta 11 años, varones o mujeres, a cambio de "monedas" o un plato de comida. No se trata sólo de chicas de clases sociales bajas, hay de todos los sectores y tienen en común es una debilidad anímica a partir de problemas familiares.
Los servicios de alto nivel, en departamentos privados o en "saunas", pueden cobrarse hasta 3 mil pesos si las jóvenes tienen menos de 15 años. En zonas rojas como las de La Plata la oferta puede bajar a 20 pesos; de esa cifra, la chica nunca se queda con más de la mitad. Las peores situaciones parecen darse en lugares como los baños de la estación de Constitución o en la explanada de la de Plaza Once que da a la calle Perón.
El 40% de las prostitutas comenzó siendo niñas: algunas iniciadas por familiares o proxenetas; otras por necesidad económica. Las edades de iniciación oscilan entre los 14 y 15 años en general.
En el 2002, Unicef Argentina realizó un profundo estudio en Puerto Madryn, detectando una compleja red de prostitución infantil. Entre las conclusiones del informe, podía advertirse que las redes de tráfico cuentan con posibles niveles de protección o encubrimiento, tanto policial como judicial.
En Comodoro Rivadavia, la prostitución infantil es un problema que lleva tiempo y ya ha copado ciertas zonas y calles. En determinadas zonas de la ciudad es posible observar niños y niñas 'trabajando' en la calle que no tienen más de 15 años.
Organizaciones de tratantes de blancas fueron detectadas en Necochea y Tandil en la provincia de Buenos Aires. La ciudad de Goya, en Corrientes, es señalada por fuentes judiciales y policiales uno de los puntos frecuentados por los explotadores sexuales. Igual que Formosa y el Gran Buenos Aires. Aunque los burdeles, fueron prohibidos en 1935 siguen existiendo en las ciudades del interior.
Indudablemente la pobreza puede ser un agravante en caso de maltrato y abuso, pero la pobreza sola por sí misma no es causal suficiente del ingreso de niños en los circuitos de prostitución. Enfatizar sólo en la pobreza es desconocer que para que existan menores prostituidos tiene que haber adultos que los prostituyan, clientes que "compren" y organizaciones que protejan este comercio prohibido.
La prostitución infantil está directamente conectada con el tráfico de menores y con la comercialización internacional de pornografía infantil.
Uno de los aspectos que llaman la atención en los niños prostituidos es que a menudo comienzan por establecer con sus explotadores lazos afectivos que no encontraban en sus hogares, y esto es parte de las técnicas de captación que utilizan los explotadores del sexo infantil. Estos lazos por cierto no excluyen relaciones de violencia y de sometimiento coercitivo, pero aparecen a menudo como opciones favorables ante la experiencia que los niños tenían en su propio hogar y por cierto favorecen su captación como objetos para uso sexual.
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